Los puritanos en Norteamérica

En las primeras décadas de 1600, los puritanos, una rama protestante que ya tenía bastantes seguidores incluso en el Parlamento británico, intentaron cambiar la Iglesia anglicana según los preceptos de su nueva corriente religiosa. Pero realmente tuvieron muy poco éxito, pues los monarcas ingleses, en ese momento los Estuardo, tenían poco interés en seguir con el reformismo religioso, ni tampoco en sesgar el poder que los católicos seguían teniendo en el país. Así, totalmente desanimados, en 1629 muchos de ellos comenzaron a buscar un nuevo hogar en las colonias americanas donde poder practicar sus creencias religiosas lejos de la influencia del catolicismo y de los reyes Estuardo.

Para marzo de 1630, 17 barcos financiados por la Massachusetts Bay Company abandonaron Londres para establecer una nueva colonia dirigida por un único abogado llamado John Winthrop . Los puritanos, bajo Winthrop, acordaron que establecerían una ciudad en una colina, un ejemplo de buen comportamiento y pureza religiosa para todo el mundo y especialmente para los reyes ingleses.

Entre 1630 y 1643, casi 9,000 puritanos emigraron a la colonia. La migración puritana fue mucho más rápida que cualquier otra migración de grupo en las colonias en ese momento. Una vez que llegaron a Nueva Inglaterra, los puritanos establecieron pueblos y granjas. La mayoría de ellos se establecieron en ciudades cercanas con sus familias extensas y crearon iglesias y escuelas.

Los puritanos cultivaron muchos cultivos diferentes en lugar de depender de un solo cultivo comercial, como era común en muchas otras colonias. Los cultivos diferenciados permitieron a los puritanos comer una variedad de alimentos y ayudaron a contribuir a su alta esperanza de vida.

Como dijimos, los puritanos creían que Dios había formado un pacto único, o acuerdo, con ellos. Creían que Dios esperaba que vivieran de acuerdo con las Escrituras, para reformar la Iglesia Anglicana y para dar un buen ejemplo que haría que aquellos que se habían quedado en Inglaterra cambiaran sus formas pecaminosas. La mayoría de los primeros migrantes a la colonia de la bahía de Massachusetts eran miembros de pleno derecho de la fe puritana.

Para los seguidores de esta fe, la vida religiosa y política estaban completamente entrelazadas. Cada pueblo puritano tenía reuniones municipales para determinar cómo se manejaría la ciudad, y solo a los miembros varones de la iglesia se les permitía votar sobre los asuntos que afectaban a la ciudad. Por supuesto, la asistencia a misa era obligatoria, pero para convertirse en un miembro pleno de la iglesia, los puritanos tenían que demostrar que tenían una experiencia de conversión y que formaban parte de los elegidos predestinados, un grupo al que se le garantizaba la admisión al Cielo.

Los orígenes del puritanismo

Los puritanos eran un grupo de personas que crecieron descontentos en la Iglesia de Inglaterra y trabajaron en pro de reformas religiosas, morales y sociales. Los escritos e ideas de Juan Calvino, un líder de la Reforma, dieron origen al protestantismo y fueron fundamentales para la revuelta cristiana. Sostuvieron que la Iglesia de Inglaterra se había convertido en un producto de luchas políticas y doctrinas hechas por el hombre. Los puritanos fueron una rama de los disidentes que decidieron que la Iglesia de Inglaterra estaba más allá de la Reforma. Escapando la persecución del liderazgo de la iglesia y del Rey, acabaron marchándose a las recién creadas colonias de Norteamérica.

Lo que muchos de nosotros sabemos acerca de los puritanos es un reflejo de la definición moderna del término y no del relato histórico.  Para empezar, no eran un pequeño grupo de personas: en Inglaterra muchos de los defensores del puritanismo se sentaron en el Parlamento, y tan grande fue su influencia, que una guerra civil enfrentó a los puritanos contra las Fuerzas de la Corona; aunque los puritanos ganaron la batalla con el liderazgo de Oliver Cromwell, su victoria fue corta, y de ahí su desplazamiento a América. Y para seguir, los juicios de brujería no definieron adecuadamente sus métodos de vida durante los más de 100 años en que formaron comunidades exitosas; lo que sí mostró fue el peligro en el que su aislamiento autoimpuesto los puso.

El puritanismo puede definirse principalmente por la intensidad de la experiencia religiosa que fomentó. Los puritanos creían que era necesario estar en una relación de pacto con Dios para ser redimidos de la condición pecaminosa de uno, que Dios había elegido para revelar la salvación a través de la predicación, y que el Espíritu Santo era el instrumento  de la salvación. La teología y la política calvinistas demostraron ser influencias importantes en la formación de las enseñanzas puritanas. Esto naturalmente condujo al rechazo de gran parte de lo que era característico del ritual anglicano en ese momento, ya que estos eran vistos como “idólatras papistas”. En su lugar, los puritanos enfatizaron la predicación que se basaba en imágenes de las Escrituras.y de la experiencia cotidiana. Aún así, debido a la importancia de la predicación, los puritanos le concedían un lugar especial a un ministro versado en ella. El fervor moral y religioso que caracterizó a los puritanos se combinó con la doctrina de la predestinación heredada del calvinismo para producir un “pacto teológico”, sintiéndose a sí mismos como los elegidos por Dios para vivir vidas piadosas como individuos y como comunidad .

 

De extremo a extremo: libertinaje VS puritanismo

Desde luego, podemos decir que vivimos en una época loca de verdad: cada cual vive a su ritmo, con sus propios valores morales, sin forma de ponernos de acuerdo en la más mínima de las reglas sociales sin que salte de pronto alguna voz de protesta… No es que sea malo, de hecho, muchos sociólogos te dirán que es así como se construye una comunidad sana, escuchando a todos y dando todo el mundo su opinión; aunque creo que lo que sigue, que todo esto se tomara con respeto y sin alteramientos, es en lo que claramente hemos fallado y me temo que seguiremos fallando.

En realidad, parece que la moralidad es una asignatura pendiente en todas las épocas históricas que ha vivido el hombre, y no porque yo crea que no se intentado buscar un consenso y habilitar ciertas reglas; es simplemente porque parece actuar en ciclos, esto es, lo que hoy nos parece bien, mañana nos parece mal, y al cabo de un tiempo vuelve a ser algo inmoral. ¿No tenéis vosotros esa misma sensación?

Si lo piensas bien, verás que llevo bastante razón: pasamos de las bacanales y orgías griegas y romanas a la enorme oscuridad y represión que trajo la Edad Media; después, el Renacimiento puso otra vez de moda la vida alegre y parrandera, hasta que el siglo XVIII volvió a convertir a la sociedad en gente pacata y llena de represiones, aunque muchos se dieran la vida padre a escondidas; y durante el siglo XX y los que llevamos del XXI, no nos acabamos de poner de acuerdo si hay que vivir la vida loca, o contenernos un poco y pensar en vivir de forma serena y moderada como sociedad y también como seres individuales. Lo dicho, todo es una especie de ciclo, donde tiramos de lo antiguo para intentar renovar lo nuevo, y donde una vez que creemos que hemos establecido una norma, la derruimos de raíz pensando que la contraría podría venir mejor.

Así, no es de extrañar que ahora mismo haya dos corrientes de pensamiento vital conviviendo, o al menos intentándolo: lo de aquellos que piensan que la vida son dos días, y que el ser humano debe ser libre para expresar sus deseos y para intentar llevarlos a cabo de la mejor manera posible; y los que nos quieren llevar de vuelta al puritanismo, buscando en épocas pasadas y en doctrinas como las religiones una forma de vida más sacrificada y enfocada a complacer a los demás antes que a nosotros mismos. Podemos decir que ha vuelto el puritanismo, en total contraposición a la vida alegre que mucha gente defiende a ultranza. Y tú, ¿de qué eres partidario?